María Constanza González
Jorge León
Jorge Qüense
Nikole Guerrero
Simón Inzunza
Malcom Bonet Robles
Randy Román, Luis Gonzalez, Constanza Romero, Ricardo Acevedo, Esteban Araya
Durante los días 02 y 03 de febrero de 2024, un incendio devastador afectó las comunas de Valparaíso, Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana, en la Región de Valparaíso, categorizado como uno de los desastres más grandes del país en los últimos 30 años. Un equipo de investigadores y profesionales del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (CIGIDEN) y del Centro UC Observatorio de la Costa, con apoyo de la Secretaría de Planificación (SECPLA) de la I. Municipalidad de Viña del Mar, realizaron un estudio de daños en fase de emergencia en el área afectada de la comuna de Viña del Mar. A un mes de ocurrido el desastre, entre el 02 y el 05 de abril de 2024, este mismo equipo de trabajo realizó un segundo estudio en fase de rehabilitación, con el propósito de entregar evidencia científica como apoyo a la toma de decisiones y especialmente facilitar el proceso de reconstrucción actualmente en desarrollo. Este proceso de reconstrucción, dada su complejidad y envergadura, llevará varios años en finalizar y requerirá de un esfuerzo generoso de todos los sectores de la sociedad.
El presente estudio se focalizó en las áreas más afectadas por los incendios en la comuna de Viña del Mar: Villa Independencia, Achupallas, El Olivar y el campamento Manuel Bustos. Además, dada la importancia de la cuenca del estero Marga-Marga como soporte físico-natural de las formas de ocupación, se exploró la susceptibilidad a remociones en masa con el fin de monitorear la dinámica hidrogeomorfológica de las laderas afectadas por los incendios, considerando los cambios socio-territoriales que el fuego ha provocado.
Los principales resultados obtenidos en esta fase de rehabilitación, establecieron que el fuego aumentó la susceptibilidad a remociones en masa en el área afectada, pasando de susceptibilidad media en condiciones previas al incendio, a alta susceptibilidad en condiciones post incendio, aumentando de 2.893 has a 3.182 has (6,8% de la superficie de la cuenca).
A nivel de cuenca, el 45,8% de la superficie total presenta predisposición a remociones en masa, que pueden consistir en deslizamientos, flujos y desprendimientos principalmente. Esto provoca que las laderas y quebradas locales tengan mayor sensibilidad a alteraciones antrópicas y a eventos de lluvias concentradas, como las ocurridas durante el mes de mayo de este año. Se determinó preliminarmente que umbrales de precipitación de 20 mm concentrados en 3 horas pueden activar procesos hidrogeomorfológicos, para lo cual se requiere de un monitoreo continuo.
Respecto al proceso de reconstrucción, se estableció que el porcentaje de avance estimado a la fecha de realizado el levantamiento de información en terreno, respecto del daño total registrado, es de un 38,38% equivalente a 1.527 edificaciones construidas o en proceso de reconstrucción. Se debe recordar que el daño total indicado en el primer informe entregado por este equipo durante la fase de emergencia, fue de 3.931 edificaciones. El mayor daño en viviendas se concentró en Villa Independencia y en el campamento Manuel Bustos, donde la reconstrucción al día de la visita a terreno correspondió al 83,7% de todas las viviendas dañadas en esta área.
Respecto a la tipología constructiva y conteo de daños, el incendio afectó principalmente a viviendas de 1 piso, donde se registraron 2.895 unidades, equivalente al 73,6% del total de edificaciones siniestradas. Estas viviendas de 1 piso, se concentran principalmente en el campamento Manuel Bustos y también se ubican en laderas de cerros sobre terraplenes o estructuras. Las edificaciones de 2 pisos afectadas por el incendio suman 1.019 unidades, correspondientes al 25,9% del total de viviendas dañadas. Estas se localizan principalmente en las poblaciones urbanas de El Olivar y entre las avenidas Luis Hurtado López y Chusmiza.
En términos de reconstrucción física, destaca el lento y/o nulo instalación de viviendas de emergencia por parte del Estado, contabilizando un total de 396 unidades lo que equivale al 26% del total reconstruido, lo que ha llevado a que la autoconstrucción (74% restante) se haya ejecutado por parte de la población a través de préstamos o ayudas de terceros. Destaca la rápida aplicación de la encuesta FIBE y la llegada de los bonos y subsidios de arriendos, sin embargo, las personas afectadas señalaron que estos no son suficientes para volver a empezar.
Durante esta fase de rehabilitación, destacan los cambios en la estructura urbana. Los cambios más relevantes corresponden a la ubicación de viviendas reconstruidas respecto de la vivienda original, la subdivisión de hogares, que anteriormente pertenecían a una sola vivienda, el incremento en la superficie edificable (viviendas autoconstruidas más grandes), la diversidad constructiva para volver a asentarse en condiciones de pendiente o quebradas gracias a pilotes y/o estructuras y, la reutilización de estructuras sólidas que quedaron en pie. Este nuevo escenario afectará los próximos procesos de evacuación, lo cual es prioritario evaluar de cara a futuros eventos, en especial la conectividad vial local.
Se realizó un análisis de vulnerabilidad social pre-evento y post evento, el cual estableció un alto porcentaje de población y viviendas con niveles altos y muy altos de vulnerabilidad social, alcanzando el 46% en ambas categorías, condición que contribuyó al nivel de desastre. Los principales factores que explican esta alta vulnerabilidad son: la falta de seguridad social y de pertenencia, el acceso a servicios públicos, equipamiento de salud e infraestructura urbana, desempleo y calidad de las viviendas, bajo acceso a establecimientos educacionales, inmigrantes y el rol de la mujer.
Respecto de las entrevistas aplicadas a personas afectadas, se estableció que, tanto niños, adultos mayores y personas con movilidad reducida, como las personas viviendo en tomas, fueron los grupos de población más afectados por el desastre. Se constató, además, que a pesar que las entregas de bonos y subsidios estatales se estimó como positivo, se acusó demora en la entrega de viviendas de emergencia, lo cual motivó la reparación de viviendas por cuenta propia, mediante la ayuda
de familiares o la Iglesia. Entre las necesidades relevadas se enfatizó en una ayuda psicológica continua.
Considerando el proceso de reconstrucción en desarrollo, los principales desafíos se relacionan con el monitoreo de la dinámica hidrogeomorfológica de la cuenca, en especial de las áreas quemadas, dado el incremento de la susceptibilidad a remociones en masa debido al fuego y a peligros concatenados que se puedan desarrollar combinando condiciones preexistentes de vulnerabilidad. Es relevante contar con inventarios o catastros de remociones en masa para validar futuros estudios de susceptibilidad.
Dado que las formas de ocupación se desarrollan al interior de la cuenca del estero Marga-Marga, es importante implementar formas de restauración ecológica y soluciones basadas en la naturaleza para reducir las condiciones ambientales de combustibilidad para potenciales eventos de calor y también para estabilización de laderas y quebradas, en especial en las nacientes de microcuencas.
Resulta prioritario avanzar en modelos y escenarios de evacuación vinculados a planes de emergencia y al diseño urbano resiliente, dada la importancia de la red vial estructurante. Esto último debido a que las áreas que concentraron la mayor cantidad de víctimas fatales correspondieron a lugares donde las vías vehiculares fueron sobrecargadas, lo cual generó un colapso, no permitiendo la evacuación (por ejemplo calles Luis Hurtado López, Gabriela Mistral, Augusto D’Halmar, Pablo Neruda y Millaray). Además, estas no conectan las vías urbanas del sector alto de la comuna, calles locales y calles sin salida, cuya única opción de evacuación son estas arterias. El análisis de las vías peatonales estableció también dificultades mayores a la evacuación, lo cual debe ser considerado en los proyectos de inversión de mejoramiento del diseño urbano resiliente.
Se requerirá avanzar al diseño e implementación de sistemas de alerta temprana ante eventos extremos de calor e incendios, vinculados a una mejor internalización en la comunidad de la alerta SAE, así como las nuevas siglas y procedimientos de SENAPRED, con el fin de hacer viables y expeditos los procesos de evacuación. Será una necesidad a nivel de país contar con criterios técnicos para abordar procesos de Reconstrucción para amenazas de origen natural recurrentes en el país, con el fin de asimilar la oportunidad que tienen para generar aprendizajes que eleven la resiliencia social y urbana en las áreas afectadas por estos desastres. Fortalecer la cultura preventiva y la memoria del desastre integrando el rol de las comunidades en el desarrollo de la resiliencia comunitaria y gobernanza situada, parece ser un objetivo principal en la reducción del riesgo de desastre, así como la vinculación de las áreas de riesgo en los Instrumentos de Planificación Territorial en áreas costeras, donde las formas de ocupación tanto formales como irregulares generan entornos complejos y vulnerables.








