Luis Cordero Vega, Lucía Dammert, Alejandro Ferreiro, Manuel Inostroza, Juan Felipe López.
2020
gestión del riesgo, desastres, mitigación, estrategia
Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR, por sus siglas en inglés), un desastre puede definirse como “una interrupción grave del funcionamiento de una comunidad o una sociedad a cualquier escala debido a eventos peligrosos que interactúan con condiciones de exposición, vulnerabilidad y capacidad, lo que lleva a uno o más de los siguientes efectos: pérdidas e impactos humanos, materiales, económicos y ambientales”. Un desastre, por tanto, sobrepasa los fenómenos geofísicos e integrando eventos climáticos, tecnológicos, biosanitarios, y expresamente eventos pandémicos como el que enfrentamos.
Los desastres pueden evitarse o, al menos, mitigarse sustantivamente. Esta premisa es la principal motivación para desarrollar investigación para la reducción del riesgo incorporando perspectivas sistémicas y transdisciplinares. La investigación y práctica se nutre de los aprendizajes de experiencias previas, como han sido aquellas derivadas de las frecuentes amenazas naturales que nos afectan (terremotos, tsunamis, aluviones…), pero también deben considerar experiencias de manejo biosanitario como fue la pandemia del H1N1 en 2009 en Chile.
Lamentablemente nos encontramos hoy frente a un desastre derivado de estrategias inadecuadas de control de la pandemia que han priorizado la gestión hospitalaria de enfermos, en desmedro de los esfuerzos de trazabilidad y aislamiento, esenciales para cortar la cadena de contagios. La gestión hospitalaria es por supuesto necesaria e importante, pero constituye la “última línea de respuesta”. Al constatar esta situación, se evidencia nuevamente lo difícil que resulta para los Estados (y la sociedad) el invertir en prevenir y reducir riesgos para evitar que las amenazas se transformen en desastres. Lo que hemos visto estos meses, no es muy distinto de lo que hacemos para enfrentar tsunamis, aluviones, o marejadas: curar, más que prevenir.
Es justamente aquí donde radica la importancia de las perspectivas derivadas de la investigación y prácticas de la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD), pues éstas buscan impulsar un cambio de paradigma fundamental para abordar prospectiva e integradamente los riesgos sistémicos. Los aprendizajes y experiencias desde la GRD han sido importantes para algunos países que han manejado bien la pandemia, pero han tenido poca visibilidad hasta ahora en el caso de Chile, en donde la primera etapa de la crisis fue abordada priorizando fuertemente la gestión sanitaria.
© CIGIDEN © Espacio Público Derechos reservados Primera edición, agosto 2020.









