Un equipo de investigadores de Cigiden R+ recorrió la Región de Coquimbo para analizar por qué colapsó la infraestructura ante las inundaciones ocurridas en el mes de julio.
Un equipo de investigadores de Cigiden R+, integrado por especialistas de la Universidad de Concepción y la Universidad Católica, recorrió durante varios días los valles de los ríos Elqui, Huasco y Limarí para analizar las causas del colapso de puentes, bocatomas y caminos provocado por los sistemas frontales que azotaron a la Región de Coquimbo en julio de 2026. El trabajo de campo, realizado en la ventana crítica entre el fin de la emergencia y el inicio de las reparaciones, busca transformar la evidencia recogida en terreno en criterios técnicos que permitan diseñar una infraestructura capaz de resistir crecidas cada vez más severas.
Una carrera contra el tiempo y el barro
Los investigadores Óscar Link, académico de la Universidad de Concepción, y Wernher Brevis, de la Universidad Católica, encabezaron el recorrido junto a Vicente Saenger, estudiante de doctorado en ingeniería y tesista de Cigiden R+, y los estudiantes de magíster Isadora Aránguiz y Pablo Villegas. El itinerario abarcó el sector de El Islón en el valle del Elqui, el tramo de la Ruta 5 entre La Serena y Vallenar, dos puentes colapsados sobre el río Huasco y uno de sus tributarios, y el trayecto La Serena-Ovalle-Monte Patria, donde el equipo pudo observar de cerca el embalse La Paloma y el puente caído sobre el río Huatulame, tributario del Limarí.
Así, el trabajo tenía un margen de acción estrecho. Llegar demasiado pronto habría significado interferir con las labores de emergencia; y llegar demasiado tarde, significaría encontrar la evidencia ya borrada por las reparaciones. “Alcanzamos a visitar los lugares afectados justo a tiempo”, señaló Link, quien precisó que, si bien los puentes más críticos –aquellos que habían dejado a poblaciones aisladas– ya estaban mayoritariamente reparados o en vías de estarlo, muchas de las obras con daños importantes todavía esperaban intervención, lo que permitió documentar su estado original luego de la afectación provocada por los sistemas frontales.
En esa línea, el objetivo fue identificar los procesos hidrodinámicos que llevaron al colapso de bocatomas, obras viales y puentes, levantando la geometría de cada estructura afectada junto con hipótesis preliminares sobre las causas, a partir de la geomorfología fluvial y de la magnitud que alcanzó el agua durante las crecidas.
Daños que los investigadores no habían visto antes
Para Brevis, la magnitud de lo observado no tiene comparación reciente. “Vimos cosas que yo no había visto nunca”, afirmó el investigador, describiendo pérdida de suelo agrícola, badenes caídos y puentes cortados a lo largo de un área extensa. El punto más crítico, coincidió con Link, fue el sector de El Islón, aunque el daño se replicó en numerosos cortes de la Ruta 5 que llegaron a dejar al país fraccionado en su conectividad terrestre, con terraplenes completos arrastrados por la corriente.
Las consecuencias se extendieron más allá de la infraestructura vial, debido a que durante días persistieron problemas en el suministro eléctrico y de agua potable, con barro que llegó a contaminar directamente las tomas de captación. El equipo también reconoció patrones históricos, ya que un evento de magnitud similar, asociado a El Niño, se había registrado en 1997, lo que abre la pregunta de si lo ocurrido en 2026 corresponde a un fenómeno aislado o al anticipo de una tendencia que podría repetirse.
A partir de la información recogida, los investigadores plantean revisar los niveles de socavación en los cauces y proponer una línea de investigación interdisciplinaria que conecte las áreas de Amenazas e Infraestructura de Cigiden R+, cruzando la evidencia hidrodinámica con el diseño estructural de las obras afectadas.
La dimensión social de la reconstrucción
Más allá del componente técnico, el equipo subrayó que aunque buena parte del daño se concentró en zonas de baja densidad poblacional, esto introduce una dimensión social que consideran ineludible al analizar este tipo de desastres. “No hemos sido capaces de encontrar soluciones habitacionales en zonas seguras, para una gran población de Chile”, planteó Brevis, quien también describió haber encontrado una verdadera laguna formada antes de llegar a Vallenar, evidencia directa de la magnitud que alcanzó el desborde de los cauces.
El levantamiento de geometrías y evidencia de campo permitirá, según Link, analizar en detalle las deficiencias de la infraestructura existente y avanzar hacia un diseño que incorpore la hidrodinámica como criterio central, en lugar de un factor secundario. Se trata de un insumo que puede orientar tanto la reconstrucción de obras específicas como las políticas públicas de prevención en cuencas con historial de crecidas.
“Tenemos que ser resilientes”, resumió Brevis. Una frase que condensa el sentido último de este trabajo interdisciplinario: convertir el registro de una emergencia en conocimiento aplicable, que reduzca la vulnerabilidad de comunidades y territorios frente a los próximos eventos hidrometeorológicos extremos que, según los propios investigadores, podrían no ser una excepción sino una nueva normalidad para el centro-norte de Chile.
