
En una fecha marcada por la memoria y la reflexión, Chile da un paso decisivo en su arquitectura de seguridad. La reciente actualización de la principal norma de diseño sísmico del país no es solo un trámite técnico, sino un refuerzo al compromiso ético con la protección de la vida y la resiliencia de nuestras ciudades.
Cada 29 de abril se conmemora el Día Internacional en Memoria de las Víctimas de los Terremotos, una instancia impulsada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este día busca honrar a quienes han perdido la vida o su patrimonio producto de estos desastres, promoviendo al mismo tiempo una cultura global de prevención. En un país como Chile, donde la sismicidad es un rasgo constitutivo de su historia, esta fecha adquiere una relevancia profunda: recordar es, ante todo, aprender para no repetir errores del pasado.
En este contexto, desde el Centro de Investigación Interdisciplinaria en Riesgo, Resiliencia y Recuperación ante Desastres (CIGIDEN R+) y el Centro de Innovación del Hormigón UC (CIH UC), entendemos que el mejor homenaje hacia las víctimas es la transformación de la experiencia dolorosa en ciencia aplicada. Por ello, abordamos la actualización de la norma de Diseño Sísmico de Edificios NCh433:2026, pilar fundamental de la ingeniería nacional.
Para profundizar en sus alcances, conversamos con el académico Matías Hube, director del Departamento de Ingeniería Estructural y Geotécnica UC (DIEG UC), investigador adjunto de CIGIDEN R+, director alterno del CIH UC, y miembro del American Concrete Institute (ACI) desde 2014, siendo uno de los dos chilenos que nos representan en este organismo internacional de ingeniería estructural.
La NCh433: El pilar de la seguridad estructural en Chile
La NCh433 es mucho más que un reglamento; es la columna vertebral que regula cómo se calculan y construyen las edificaciones en el país. Su objetivo primordial es establecer los criterios técnicos mínimos para que las estructuras sean capaces de resistir la energía de un terremoto, minimizando los daños materiales y, sobre todo, garantizando que las personas puedan evacuar con vida.
Esta normativa funciona como una “memoria viva» de la ingeniería chilena. Como explica Matías Hube, la norma “refleja el aprendizaje en ingeniería sísmica que hemos construido en Chile desde la década de los 60″, evolucionando de manera cíclica tras cada gran evento. La relación de Chile con sus terremotos es, por tanto, evolutiva: los sismos de 1960, 1985 y el 27F de 2010 han actuado como laboratorios a escala real que han permitido identificar y cerrar vulnerabilidades estructurales.
La versión NCh433:2026 viene a consolidar precisamente estas lecciones. Durante los últimos 15 años, tras el daño observado en algunas edificaciones en 2010, el país operó mediante el Decreto 61, una medida de urgencia que introdujo parches necesarios pero provisorios. Esta nueva actualización eleva finalmente ese estándar de “emergencia» a un estatus legal permanente y actualizado, integrando los avances científicos más recientes en la práctica obligatoria de la ingeniería.



Ensayos de resistencia sísmica desarrollados en el Laboratorio de Ingenieria Estructural DIEG UC, Carl Lüders Schwarzenberg
La precisión científica: Más allá del hormigón
Uno de los avances más sustantivos de esta actualización reside en el tratamiento del suelo y su interacción con las estructuras. La NCh433:2026 actualiza los métodos de análisis y pone especial foco en los terrenos complejos. “La norma define también sitios singulares, denominados como tipo F, en los cuales existen restricciones para construir edificaciones», explica Hube, lo que permite prevenir riesgos asociados a la mala calidad del terreno y la amplificación de las ondas sísmicas.
Además, la normativa abre la puerta a una construcción más diversa y sostenible. Al flexibilizar las exigencias para otros materiales, el investigador destaca que “será más factible que antes construir edificaciones con madera y acero», diversificando las soluciones habitacionales del país bajo los mismos estándares de seguridad que el hormigón.
Ciencia e investigación al servicio de la normativa
El rol de la investigación es clave en la evolución de las normas. En este sentido, el trabajo desarrollado por CIGIDEN R+ ha sido fundamental para evaluar el desempeño sísmico de las estructuras y proyectar mejoras regulatorias. Según el académico Matías Hube, los estudios del centro “permiten evaluar el desempeño sísmico de edificaciones y el impacto que tienen cambios normativos en la resiliencia». Estos datos son insumos directos para los comités de norma, asegurando que el conocimiento generado hoy pavimente el camino para futuras actualizaciones.
Hube enfatiza que los resultados de las investigaciones vigentes no solo validaron la actualización 2026 de la norma, sino que esta transferencia de conocimiento garantiza que la norma no se quede obsoleta ante amenazas emergentes, asegurando la resiliencia operativa y la capacidad de una ciudad para seguir funcionando tras un eventual sismo con altos estándares constructivo y de desempeño.
El compromiso ético y la confianza ciudadana
Finalmente, ante la inquietud de la ciudadanía, el mensaje es de confianza, pero también de rigurosidad. El académico recuerda que “nuestros edificios son muy seguros en comparación con otros países sísmicos», pero advierte que para mejorar la resiliencia debemos “seguir resguardando que estas edificaciones se diseñen y construyan con alta calidad, respetando las normativas de diseño sísmico». En Chile, la seguridad es un proceso que nunca se detiene.
La actualización de la NCh433:2026 no solo representa un avance técnico, sino también un compromiso país con la memoria y el futuro. En un territorio donde los terremotos son inevitables, la diferencia la marca la preparación científica y la responsabilidad profesional. Como concluye el académico Matías Hube: “Los investigadores y profesionales tenemos una gran responsabilidad ante la sociedad. El resguardo a la vida es un objetivo que tenemos presente todos los días».













