Experto del Banco mundial: “Las estrategias de gestión del riesgo de desastres deben ser diseñadas según el nivel socioeconómico de los países”

Experto del Banco mundial: “Las estrategias de gestión del riesgo de desastres deben ser diseñadas según el nivel socioeconómico de los países”

El experto francés en gestión del riesgo de desastres, Stephane Hallegate, expuso dos de sus trabajos en el taller sobre economía del desastre organizado por la línea de investigación “Evaluación socioeconómica para la mitigación de riesgo de infraestructura crítica” de CIGIDEN. Participaron, además, el ex Ministro de Hacienda Rodrigo Valdés y el investigador CIGIDEN, Felipe Zurita.

¿Cuáles son las estrategias más efectivas para mitigar el impacto socioeconómico de los desastres e incrementar la resiliencia de la infraestructura crítica? A partir de esta premisa se desarrolló el taller «Economic Analysis of Natural Disasters», cuyo principal expositor fue el Stephane Hallegate, quien se desempeña como economista principal en el grupo de cambio climático del Banco Mundial y también en el Global Facility for Disaster Reduction and Recovery (GFDRR).

Hallegate comenzó su exposición con un repaso de trabajos que realizó en el Banco Mundial, con el grupo “Global facilities for disaster reduction and recovery”,  para referirse a la manera en cómo definen la resiliencia social y económica y el nivel del impacto que los desastres tienen en las familias y los sistemas de infraestructura crítica. Para ello presentó parte de su investigación concentrada en el libro “Unbreakable: Buliding the resilience of the poor in the face of natural disasters”, cuyo contenido hoy es un programa que se está trabajando entre 10 y 12 países del mundo.

Este trabajo busca medir el riesgo por hogar, considerando diferentes tipos de amenazas, la exposición de los hogares, la vulnerabilidad de sus activos y también su resiliencia socioeconómica. El estudio, no solo mide la pérdida de activos, sino que también las pérdidas de los ingresos, la disminución o los cambios en el consumo –debido a un desastre-– y en consecuencia, la pérdida de bienestar. Esta medición genera resultados muy distintos y permite identificar a la población cuyo bienestar fue más afectado y al mismo tiempo, idear políticas públicas dirigidas a los grupos menos resilientes.

Amenaza, vulnerabilidad y exposición

“Elegimos trabajar en proyectos orientados a comunidades pobres, ya que pensamos que estas personas sufren más y tienen menos opciones de hacer algo”. El experto, agregó,  que por amenazas entendemos los fenómenos de origen natural como sismos, tsunamis o huracanes, mientras que la exposición se refiere a la población, su ocupación y sus bienes, que están expuestos a las amenazas. La vulnerabilidad, en tanto, se relaciona a cuántas pérdidas vinculadas a la calidad a la infraestructura.

“Es muy importante hacer la diferencia entre la pérdida de bienes por el valor de la reconstrucción y el impacto económico que implica esta pérdida”, advirtió el experto del Banco Mundial, al mismo tiempo que ejemplifica a con la imagen de la ruptura de uno de los principales puentes ubicados en San Francisco, USA para el terremoto de 1989. “Desde el punto de vista de una evaluación tradicional el daño del puente significa un enorme costo, pero si consideramos las consecuencias por la interrupción de la conectividad entre San Francisco y Oakland, el impacto socioeconómico fue mayor”, esclareció.

Para el investigador, además, el impacto en el consumo y bienestar de las personas ante un desastre depende de la diversificación del ingreso y la respuesta al shock: “El ingreso se reduce proporcionalmente en las áreas afectadas por una amenaza. En el caso de que una fábrica sea dañada, los trabajadores no pierden ese bien, pero pierden el ingreso que proviene de esa fábrica. Por lo tanto, es más fácil entender el impacto de un desastre cuando se mide, por ejemplo, el porcentaje de hogares que cayeron en la pobreza, en vez de medirlo en millones de dólares.

Hallegate también se refirió a otro trabajo llamado «Lifelines” –la oportunidad de una infraestructura resiliente– donde aborda la importancia de resiliencia de la infraestructura y sus beneficios en términos de costos para un país. Para ello considera la diferencia entre la resiliencia de los activos, la resiliencia del servicio y la resiliencia de los usuarios. Si el sistema es redundante o flexible, es capaz de proveer el servicio, a pesar de que algunos activos sean destruidos. A la vez si los usuarios son resilientes, pueden vivir sin la provisión del servicio por un tiempo. En ese sentido, puede ser menos costoso invertir en la resiliencia de los usuarios, más que en la sola infraestructura.

Efectos económicos y desastres en Chile

Durante el encuentro, el investigador CIGIDEN y ex Ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, expuso sobre un trabajo que intenta responder a la pregunta ¿los grandes terremotos en Chile tienen o no un efecto a mediano plazo en la economía? Para ello utilizó la evidencia recogida posterior al terremoto de 2010, centrándose en los efectos de este desastre en los municipios y/o comunas y donde midió el PGA (Peak Ground Accelerations), además del tipo y la calidad del terreno, discriminando si existía o no actividad económica en el lugar.

Los principales hallazgos del estudio indican que las comunas con mayores recursos y mayor densidad fueron las más afectadas. Asimismo, el tamaño de las empresas disminuyó en estos lugares, y la actividad post desastre se vió afectada por los esfuerzos de reconstrucción y con repercusiones en el PIB. “Por otro lado, agregó Valdés, existen menos oportunidades de trabajo y las ventas fueron bajando”.

Según el investigador CIGIDEN y académico de Economía UC, los esfuerzos de reconstrucción fueron alrededor del 0,5 % del PIB anual, durante cuatro años. “El Banco Central calcula hoy que alrededor del 3% del total del capital social de Chile fue dañado o destruido en ese evento. Es un número muy grande si pensamos que el capital social es alrededor de tres veces el PIB en Chile”, planteó. Para el estudio se consideraron los 167 municipios más afectados por el terremoto y de acuerdo a los que presentaban valores más altos de PGA, tomando en cuenta la densidad de la población

Ingresos y Covid-19

La última presentación del taller realizado el 7 de agosto vía Zoom, fue dictada por el académico de Economía UC e investigador CIGIDEN, Felipe Zurita, quien presentó el estudio  “Covid 19, Epidemia y Trabajo: Un análisis espacial en la Región Metropolitana de Santiago”, que realizó junto a la investigadora CIGIDEN, Constanza Fosco. La investigación fue la base para un artículo publicado en Ciper, durante el mes de julio, e indaga en cómo la pandemia ha afectado la actividad económica por comuna y qué trabajadores están más expuestos al riesgo de salud (contagio), como al riesgo económico asociado a la pérdida de ingresos.

De los resultados presentados se desprende que un 28% de los trabajadores que realiza labores esenciales no puede realizar sus tareas de forma remota. De los ocupados, sólo un 33% puede trabajar de manera remota y el 67% restante debe salir para trabajar. El estudio propone que un 39% de los trabajadores estarían impedidos de trabajar si la cuarentena fuera total y que el grupo de los que pierde su ingreso, junto con su trabajo es un 18% de los trabajadores.

“De acuerdo con nuestras estimaciones, de cada diez trabajadores, aproximadamente dos estarían protegiendo su salud a costa de perder su ingreso; tres estarían trabajando presencialmente en actividades esenciales arriesgando su salud y el resto podría cuidar su salud y colaborar en la prevención de la transmisión del virus, sin arriesgar su sustento”, indicó Zurita, para quien la pandemia es una mezcla de biología y comportamiento humano.

Las principales conclusiones de este trabajo señalan que la epidemia y la economía evolucionan conjuntamente, que la cuarentena sí aplanó la curva de contagio, pero que un confinamiento total desde más temprano habría tenido grandes beneficios y con un costo económico adicional menor. “Los costos y beneficios del confinamiento se distribuyen de manera desigual en la población, lo que afecta el bienestar, la justicia, pero también la efectividad”, expuso el investigador CIGIDEN.

Finalmente, Felipe Zurita planteó que la inspiración de este estudio es la misma de la agenda del Banco Mundial que nos presentó Hallegate. “Es decir, la evaluación del efecto en bienestar debe considerar especialmente a los más desposeídos. Nuestro trabajo intenta aportar en el diseño de mejores políticas de manejo de este tipo de desastre (epidemia), con vistas a mejorar la resiliencia, del país, vale decir, que el costo humano de la epidemia sea el menor posible”, concluye.

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