Carta GADRI: ¿Cómo la investigación sobre riesgos y desastres nos ayudará a superar el covid-19?

Carta GADRI: ¿Cómo la investigación sobre riesgos y desastres nos ayudará a superar el covid-19?

Recientemente la Alianza Global de Institutos de Investigación de Desastres –GADRI en su sigla en inglés–, publicó una carta llamada “COVID-19: Lessons from Disaster Research”, en la que se destacan las lecciones que aporta la investigación sobre riesgos y desastres al actual contexto de pandemia global generado por el covid-19. La misiva plantea que décadas de investigación y herramientas para la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) deben ser utilizadas para enfrentar la actual pandemia.

Por ejemplo, los centros declaran que existían antecedentes disponibles para anticipar la ocurrencia de una pandemia como la que estamos viviendo, y las diversas consecuencias. Las respuestas actuales y la toma de decisiones se han visto beneficiadas por el trabajo previo en GRD, y de los conocimientos esenciales que la investigación sobre desastres ha provisto para abordar las crisis antes, durante y después de que ocurran.

“Esta pandemia global ha sido ampliamente anticipada y predicha. Los expertos a lo largo de muchos años han sido capaces de pronosticar una pandemia con esta escala de enfermedad, rapidez en la propagación y la escasez de recursos médicos críticos. Además del profundo impacto que este desastre tiene en la sociedad, tal como lo que ahora estamos experimentando”, aseguran 38 investigadores e investigadoras asociadas a instituciones que estudian el riesgo de desastre alrededor del mundo, que firmaron la carta.

El último desastre

Este conocimiento, sin embargo, no se ha traducido en una preparación adecuada para la pandemia y esto es parte de un fenómeno mayor que los expertos identifican como «la planificación del último desastre». Es decir, a menudo invertimos recursos en prepararnos para “el último desastre” con un sentido de urgencia que se va desvaneciendo con el tiempo. Un fenómeno que sería recurrente entre las personas y entidades que toman decisiones en el ámbito público-político, basados en beneficios políticos o económicos de corto plazo y que generalmente no sufren directamente las consecuencias de sus decisiones.

“El almacenamiento de recursos y la redundancia en la capacidad para enfrentar un desastre, se considera un desperdicio y se eliminan en lugar de ser reconocidos como parte esencial del proceso de preparación para situaciones extremas, que sabemos ocurrirán tarde o temprano, y que pueden ser de origen diverso: climáticos, geofísicos, epidemiológicos, entre otras amenazas”, señala la publicación.

De acuerdo a Rodrigo Cienfuegos, director de CIGIDEN y académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y uno de los firmantes de la carta GADRI, solo cuando comprendemos el riesgo es que podemos actuar en forma efectiva para generar soluciones que cuenten con el apoyo transversal necesario para ponerlas en práctica. “Es justamente por ello, agrega, que las comunicaciones en crisis, la transparencia, el intercambio de datos abiertos, el derecho a la información, cobran una importancia fundamental en tiempos de desastre”. El experto enfatiza que “respetar estos principios puede salvar vidas”.

Evidencia científica

Lamentablemente, en muchos países – incluido Chile – no se han aprovechado correctamente las capacidades científicas instaladas, asegura el director de CIGIDEN, al dificultar el flujo de datos e información abiertos, lo que unido a mensajes contradictorios o incompletos de la autoridad, han contribuido a erosionar la confianza pública. “Los científicos y científicas pueden ayudar a recuperar esas confianzas, transmitiendo información y evidencia, y mediando o facilitando la comunicación y el diálogo entre distintos actores. En las crisis se ve con mayor claridad la importancia de incluir a los actores ausentes en estos diálogos: las comunidades que sufren con mayor fuerza las consecuencias de las decisiones de los expertos y políticos”, explica Cienfuegos.

La importancia de los estudios científicos, plantea la misiva de GADRI, también recae en la posibilidad de evitar pérdidas humanas: “Los grupos vulnerables y marginados son los más afectados por un desastre, en particular, las personas con menos recursos económicos, los enfermos, las minorías, los inmigrantes, los refugiados, los que no cuentan con seguros sociales y los niños”. En los países con sistemas de seguridad social débiles o inexistentes, las familias afectadas dependerán fuertemente del apoyo financiero y paquetes de ayuda de emergencia provistos por el gobierno. Sin instrumentos pre-diseñados para enfrentar las crisis e impulsar la recuperación, los países se ven obligados a realizar cuantiosos gastos de emergencia por no haber invertido antes en la resiliencia comunitaria requerida para evitar el desastre.

CARTA GADRI original

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