Para ahondar en sus características, investigadores del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (CIGIDEN) participaron en diversas instancias de comunicación a través de entrevistas en medios de alcance nacional.
El pasado 2 de mayo, un terremoto de magnitud 7,5 Mw sacudió las profundidades del Paso de Drake, cerca de la Región de Magallanes, dejando una serie de preguntas abiertas sobre la compleja tectónica del extremo sur del país. Aunque el evento tuvo una magnitud considerable, sus efectos en la población fueron limitados, lo que lo convierte en un fenómeno de alto interés científico.
Un terremoto fuera de lo común
Según el geofísico Jorge Crempien, investigador de CIGIDEN, explicó en Meganoticias que este evento ocurrió en una zona con poca instrumentación sísmica y de difícil acceso, lo que complica el monitoreo. “Es un terremoto de magnitud bastante grande para esta zona. Es muy superficial y atípico, no es como los sismos que observamos entre las placas de Nazca y Sudamérica”, explicó.
El deslizamiento máximo observado fue de tres metros, bastante menor si se compara con los 20 a 30 metros del terremoto de 1960. A 220 km de Puerto Williams, las intensidades percibidas fueron leves, dado que la distancia reduce el impacto en superficie.
¿Por qué se activó una alarma de tsunami?
Por su parte, Rodrigo Cienfuegos, director de CIGIDEN, recalcó en Cooperativa Ciencias que la ruptura en el fondo marino generó una alteración en la columna de agua: “Es como una piscina: si hay un movimiento brusco bajo el agua, se genera una ola. Eso es lo que ocurrió”. Aunque se detectaron pequeñas anomalías oceánicas, no se registró un tsunami destructivo.
El académico destacó el avance en sistemas de alerta desde el 27F: “Un evento como este, en 2010, habría desencadenado una evacuación masiva. Hoy contamos con sistemas más precisos que operan en tiempo real y permiten alertas focalizadas”.
El complejo comportamiento de los fiordos y canales
Felipe Aron, también investigador de CIGIDEN, abordó durante la entrevista en Radio Cooperativa que existe una particularidad del sur austral: la geografía compleja de fiordos y canales puede amplificar las ondas de tsunami. “Si un tsunami se acopla con la marea, su efecto puede potenciarse. Por eso la alerta fue justificada”, comentó.
A pesar de que las ondas se atenúan con la distancia, la trayectoria y profundidad del mar influyen en su propagación. “No es lo mismo un tsunami en aguas abiertas que en zonas con relieves irregulares. Todo
Un laboratorio natural en movimiento
Aunque el evento no causó víctimas ni daños a infraestructura, su ubicación sobre la fractura de Shackleton -un límite de placas entre la Scotia y la Antártica- confirma la constante actividad tectónica de la región. “Este terremoto nos permite aprender más sobre zonas poco estudiadas y cómo funcionan nuestras alertas en territorios alejados”, concluyó.













